“Cuidado con la Galería Namu. Mejor no toques nada.”

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“¡Ni se les ocurra poner un pie en esa galería!

Ustedes no son conscientes de la historia de esta tierra…”

Nunca habíamos visto al señor Morice tan enfadado. Su rostro tardó un segundo en cambiar de la tranquilidad y paciencia absoluta, a una mezcla de miedo y preocupación. Su expresión cambió por completo, y su cuerpo abandonó la mesa en la que estábamos cenando y ahora miraba fijamente a la ventana.

El señor Morice es el padre de nuestro amigo René, la primera persona que nos dio la bienvenida a Costa Rica y nos abrió las puertas de su casa. Eva y yo conocimos a René en Barcelona, cuando todavía estudiábamos. Una noche, medio en broma, le dije que igual me mudaba a Costa Rica. Ahora, cinco años después, parece que esa conversación era más premonitoria que de broma.

La familia de René es la descripción más fiel de lo que la hospitalidad costaricense se refiere. Su tía Luz no nos dejaba salir sin antes tomar un gran desayuno y una buena conversación, el propio René nos acompañaba a todos los lugares a los que necesitábamos acudir y los padres

Esa noche cumplíamos los diez días hospedándonos en su casa.

El señor Morice es un hombre muy particular. Una mezcla genial entre un intelectual

La primera noche que pasamos en San José, nos quedamos en casa de nuestro amigo René. Él y su familia fueron muy amables con nosotros y nos llenaron el estómago con grandes cenas y almuerzos. Pasamos bastante tiempo en San José -quizás demasiado- pero conseguí un trabajo en una agencia de publicidad de la ciudad y tuvimos que alargar nuestra estancia.

Rene padre, el nos contó una historia acerca de una galería en el norte de San José. En el pasado él había ido a visitarla y le sorprendieron unas estatuas de madera. Tanto es así que -en su juventud- robó una de ellas y se la llevó a su casa.


Esa misma noche, durmió fatal.. no paraba de tener pesadillas de máscaras de diablo y tradiciones ancestrales perturbadas. Se despertó en el frío de la madrugada.


———-Silvia


-Alto!- La madre de René detuvo la historia por completo. Algo no estaba bien. El padre de René había cambiado su rostro completamente y nos miraba con pavor. 


No estarán creyendo las historias de este pobre viejo? Jajaja - Su risa no nos daba ninguna confianza, había algo raro en ella.

Vamos a cenar tranquilamente, déjate de historias, Morice.


La cena siguió su curso como si nada, pero nosotros no podíamos dejar de pensar en las estatuas... teníamos que visitar la galería.


———Jade


Al día siguiente la encontramos, la galería se había modernizado bastante y ahora se encontraba hasta en google maps. “Galería Namu” nos llevo un tiempo encontrarla, porque se encontraba en una parte muy oculta de San Jose, como si por allí el tiempo no hubiese pasado. Cuando vimos al dependiente no lo podiamos creer. Tenía un disfraz muy divertido, con una máscara indígena incluida. Sabíamos que las máscaras en Costa Rica eran famosas por lo auténticas que eran, pero no imaginamos que parecieran tan reales.Aunque no podíamos ver su cara su voz nos advirtió: Por favor, no toquen nada


——— Heredia


Salimos corriendo de la galería. El dueño no paraba de gritar: Heredia! Heredia! mientras nos señalaba. Parecía que el aire del barrio se hubiera congelado, nosotros no miramos hacia atrás en ningún momento mientras corríamos. Salvo por un instante. Yo pude girar mi cabeza por un segundo. Y lo que me pareció ver fue imposible. De un edificio cercano me pareció ver salir algo brillante... una máscara de diablo? Con una antorcha en la mano? Bobadas. Seguimos corriendo hasta que llegamos a un bus. Una ves allí nos reímos de la situación. Una de nuestras mochilas se enganchó con una estatua y al caerse al suelo se rompió en mil partes... ¿Cómo se nos ocurre sacarnos un selfie entre tanta antigüedad?


Giz ——-


A la mañana siguiente fuimos a desayunar con la familia. Pura vida! No saben lo que nos ocurrió ayer...


La reacción de la familia no fue lo que esperábamos. Silvia se levantó de un salto


-Les dijimos que no fueran allí! En qué estaban pensando?! - Nunca habíamos visto a Silvia así de enfadada.


-Llama a Giz -. René Morice miraba por la ventana, no había dicho nada en todo el tiempo. - Está empezando - 

 
No creo en la suerte, hay que encontrarla viajando.
— Eva Díaz